miércoles, 7 de abril de 2010

Así es París

Vero me dijo que tenía que colgar algo en el blog sobre la ciudad en sí misma. Tiene razón. El problema es cómo. Digo, sí, claro, tengo idea de cómo llevarlo a cabo, el problema es por dónde empezar. París tiene tanto y es tan vasta en todos lo sentidos imaginables, que cualquier cosa que diga seguramente estará fundada y escrita en otro lado, en otros cientos de lados. Pero bueno, al fin y al cabo éste es nuestro blog y al menos nos ufanamos de no hacer copy-paste.
Para decirlo en una frase, París es exagerada. Y esto lo incluye todo. Es exagerada la torre, con sus 324 metros y sus cientos de miles de visitas, los millones que recauda y las miles de lucen que la alumbran. El Louvre es una exageración, con sus esculturas, y sus cuadros y sus documentos, y sus fotos y sus pasillos y recovecos palaciegos. El Louvre es el museo de los museos, el museo por excelencia. El Louvre, digamoslo, exagerado.
Es exagerado el Sena. Caudaloso y soberbio, exageradamente frío, peligroso y embustero. Es exagerado, sí. Hasta el tamaño de los barcos y cruceros que lo navegan es una exageración. Ampulosos y elitistas, vidriados y visión 360, con capacidades para cientos, miles, quién sabe. Son exageradas sus catedrales: Notre Dame y Sacre Coeur. Saint Chapelle y la Sorbone. Ampulosas, desmesuradas, todopoderosas, sacrosantas, pecadoras.
París es el colmo de la exageración. Sus edificios son tan exagerados que se cuentan de a pares. Fíjense en los dibujos de los campos de marzo, en la simetría de sus avenidas, en las diagonales que se cruzan y entrecruzan, las curvas de las calles, las contracurvas de las cortadas. Francia sufre algún tipo de obsesión histórica con la simetría, donde hay un monumento significativo, enfrente hay otro igual. Pasa con el diseño de los parques, pasa con la edificación de todos los grandes palacios. Pasa con todo. Y es exagerado.
Su gente también es exagerada: reacios a hablar otro idioma que no sea el propio, arrogantes y ventajeros. Y finalmente, nosotros: los turistas. El colmo de la exageración. El clímax y el deleite de las agencia de viaje, los turistas en París. Somos tantos, somos tantos como los parisinos, y somos más obtusos y curiosos, poco educados y gritones, somos exageradamente fotógrafos y fotografiados. Somos turistas y exageramos todo lo que vemos, como si aquello fuera de otro planeta... Aunque, claro, como dice Vero: "tenés que escribir algo de la ciudad". Y no sé, no sé, es todo tan exagerado que tengo miedo de que este texto sea lo tediosamente exagerado como para no lograr lo que quiero.
Paris nos dejó maravillados en todos los aspectos, nos sacó el aire. Nos ahogó y nos dio de comer. París encontró en nuestros ojos la maravilla que faltaba ser mirada. Londres está en nuestro horizonte. Se eleva allá, sin querer imaginarla pero deseandola. Deseando también que cada nuevo dia sea como los últimos cuatro: una verdader exageración.

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