jueves, 4 de marzo de 2010

Esa ciudad

Un jueves de marzo de 2008 yo era yo, pero ni estaba en "mí" y mucho menos acá. Horas atrás había dejado San Pablo y a poco estaba ya de aterrizar en Milán. Sentía el cansancio de la ansiedad previa y las horas de viaje. El avión había sido cómodo, si no hubiera sido por los 800 pasajeros restantes.
El resto, bien.
Entre bajadas y subidas, toqueteos y máquinas "detectatodo", me encontré finalmente en un tren regional de Italia, camino a Venecia, mi primera parada europea. Era, por cierto, mi debut en semejante adicción (NdR: sí, europa es una adicción). Recuerdo entonces que bajé del tren, salí de la estación, caminé dos pasos y... ¡bum! Venecia me desnucó.
Definirlo no es difícil, pero es extenso y por diversos motivos me voy a guardar los detalles para otra entrada. Lo que sí vale decir es simplemente maravilloso, o al menos lo fue para mí. Y para colmo, el agua ahí: a un metro.
Y casualmente esa instantánea, esa mismísima imagen pictórica y real a la vez, fue la que llenó de dulce locura y tremenda fascinación mi inconsciente colectivo. Y digo "colectivo" porque cuando pienso en este viaje que se viene, lo pienso de a dos. Muy diferente a lo anterior, claro está.
Así que cuando Ale, vía chat, corto y directo, me preguntó: "¿Querés ir a Venecia..?", aquellas fotos sobrevinieron de repente y me dejaron estupefacto, sin palabras, monocorde. Algo así:
-"¿Querés ir a Venecia..?"
-"Qué sí, qué sí..."
-"Y bueno... dale. Dejame que me organice...jajaja"
-"Qué sí..."
-"jajajaja..."

Quiero volver a Venecia, y quiero que Vero conozca Venecia.


Todo está por suceder

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