jueves, 25 de marzo de 2010

Berlín, la ciudad de los tiempos


Amanecimos acobijados por una frazada blanca y reluciente. La cama es divina, la mañana no. Llueve por momentos y con una intensidad que varía dependiendo también del viento. Es domingo y la ciudad está prácticamente vacía de berlineses. Los turistas, en cambio, se cuentan de a miles en los edificios claves de la ciudad. Desayunamos con Vero en el departamento; capuccino y cookies. Buena ingesta, calor y calorías en el cuerpo. Decidimos salir temprano y enfilar directo al Reichstag. Caminamos unas cuadras por el Prenzlauer Berg (el barrio en el que estamos parando) y con el subte rápidamente llegamos a haupbhanhof, la estación central. Al llegar al Reichstag la cola salía del edificio y el agua era inclemente. Una hora de cola hasta poder entrar al parlamento. Decidimos dejarlo para más tarde y seguimos camino hasta la Puerta de Brandenburgo.


Al margen de que los edificios son alucinantes por lo que representan en sí mismos, siempre que los ojos miran por primera vez la magnífica obra del hombre, cualquiera sea, inevitablemente surge la idea de que hay demasiada historia contenida en estas murallas, en estas calles, en esta gente.

El resto del día la pasamos caminando, conociendo, batallando con el viento y la lluvia. Compramos un paraguas. Buena compra. Atravesamos el Tiergarten y aparecimos en Potsdamer Platz; de allí al Sony Center, un majestuoso centro de convenciones en el que también funciona un instituto cinematográfico, un complejo tipo imax y un local de Lego, Legoland, que en la puerta tiene una jirafa de cinco metros de altura hecha enterita de rastris, pieza a pieza.

Seguimos a pie por el centro de Berlín, conocimos el monumento al soldado soviético: imponente y triste, solemne y silencioso. Dos tanques y dos baterías antiaéreas imponen presencia y amenazan a quien quiera volver a levantar un fusil contra un ruso. Todo eso en Berlín. Me pareció algo desmesurado y, por qué no, sobrador. La guerra es la guerra y la victoria es siempre una consecuencia positiva de algo que nació anunciando muerte.

De alguna manera, Berlín oscila entre el pasado y el presente teniendo a la guerra, el dolor y la sangre como insignia y bandera. Dejamos ese memorial y pusimos pie a firme rumbo a lo que queda del muro.

Tomamos un tren y llegamos hasta una estación alejada de la ciudad. Unos pocos metros, más lluvia y allí estaba: a lo largo de unas ocho cuadras, la East Side Gallery recordaba el dolor de la separación con obras de artistas de todo el mundo. Algunas mejores, otras soberbias; todas imperdibles. Tanto a Vero como a mí nos impactó una en la que se aprecia un muro resquebrajado y hordas de gente, de rostros para ser más exactos, inundando esa hendija que separa la libertad de la opresión, el capitalismo del comunismo, el blanco del negro. Hoy, a la distancia, todo es tan gris, insípido e igualmente doloroso.

Las diferencias en la sociedad son una constante universal que el hombre no ha querido zanjar; tal vez el muro todavía está ahí, eregido, enérgico, espantando utopías, acribillando ideas, deteniendo supuestos, destinado a separar y elegir. Sí, tal vez el muro aún sigue allí.

La noche de este segundo día en Berlín adquirió la calidez y la calidad que esperábamos. Con la computadora a cuestas, encontramos un bar-casa a pocas cuadras del departamento. Allí tomamos unas cervezas deliciosas, cenamos como si una madre alemana regordeta, pálida y cálida nos hubiera cocinado. El menú de Vero era simple pero exquisito: tagliatelles verdes con una salsita amena, pequeños tomates cortados y saltados en una sartén, queso parmesano sabroso. Yo le entré a unos champignones salteados y mezclados en una salsa que parecía ser una barbacoa, pero no tan dulce y más ácida y germana de lo que creía. El plato lo completaban unas minitortillas de papa y una ensalada de tomate y lechuga.


Aprovechamos las delicias de la tecnología para conectarnos con Buenos Aires. Lindas caras, buenas vibraciones, todo precioso en el anochecer de un segundo día que terminamos con los pies cansados y con la mente en cualquier lado…


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